lunes, 5 de marzo de 2012

Gabriel García Márquez en otras tierras

¿Qué significa un año más o uno menos para un escritor que ha vivido tantas vidas reales o imaginarias? Aunque las biografías electrónicas no se pongan de acuerdo en cuanto al año de su nacimiento, Gabriel García Márquez celebra este 6 de marzo su cumpleaños número 85.
 
Cien años de soledad es el reflejo de esta humanidad que cada uno de nosotros se ha inventado y, también, de la experiencia acumulada en las tierras por donde pasó el escritor. París lo entrenó en las visicitudes de los artistas, pero le mostró el camino hacia la gloria.

He aquí algunas vivencias de quienes estuvieron con él en Francia.


2 comentarios:

  1. He leído cinco o seis veces Cien años de soledad. Entraba en las pruebas de selectividad y ello me obligaba a releerlo y hablar de esta novela en clase de bachillerato. Esta insistencia lectora me hizo perder interés por la novela que me terminó agobiando. No hay nada peor que la obligación para la lectura. Recuerdo mis primeras tres lecturas apasionadas de esta novela, al margen de la obligatoriedad que luego se impuso. Es una de las grandes novelísticas de la historia del castellano la de García Márquez. Macondo forma parte de nuestra geografía sentimental, casi como si hubiéramos vivido allí, tan cercano me resulta. El primer capítulo de Cien años de soledad es tan famoso como el comienzo de El Quijote. Lo he leído docenas de veces. Espero volver algún día a él cuando olvide la pesada obligación de hacerlo leer. Saludos.

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  2. En lo personal, nunca me preocupó mucho tener que leer los libros que me pedían en la escuela, incluso más tarde en la universidad cuando debía copiar textualmente fragmentos de las obras de Marx y Engels. No obstante, tienes razón en lo que dices acerca de la lectura obligatoria. La naturaleza humana rechaza las imposiciones mientras no las vea como necesarias, y aun así... Cien años de soledad lo recuerdo por varias razones: primero, porque presté mi libro y nunca más lo recuperé; en segundo lugar, porque debí convertirme en el traductor de sus imágenes para ayudar a mis compañeros de la universidad con una idiosincracia muy lejana a la latinoamericana, y, en tercer lugar, por una puesta en escena de un grupo teatral ruso que hizo una muy digna adaptación de la obra escrita. Creo que nuestros estudiantes aprenderían más de historia, geografía, costumbres y política con este tipo de lectura.

    Gracias, Joselu, por compartir tus experiencias.

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